100 AÑOS DE RELACIÓN «NO JUSTA» ENTRE OCCIDENTE Y ORIENTE MEDIO

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Parece que un siglo es tiempo suficiente para hacer un balance. En este caso, el motivo no es otro que el análisis de algunos de los hitos que han marcado el devenir de las relaciones entre dos partes de un mismo mundo que algunos, quizá demasiados, se empecinan en separar.

Una primera reflexión objetiva y que enmarca esta descripción de acontecimientos nos dice, que desde la I Guerra Mundial y por tanto, posterior a la aparición del maldito petróleo, los pueblos árabes no han conocido LA PAZ, ni un sólo día:

1.- La ocupación de los territorios por parte de Francia e Inglaterra en el momento de declive del Imperio Otomano.

2.- El reparto de la tierra creando estados artificiales e instaurando regímenes totalitarios a modo de franquicias fáciles de controlar.Todo ello al margen del respeto a la identidad e intereses de pueblos y territorios.

3.- La aparición y consolidación de oligarquías monárquicas, a modo de gerencias de las empresas extranjeras que explotan el petroleo árabe, para a partir de ahí proceder al reparto de beneficios entre las potencias occidentales ocupantes y las susodichas familias reales. En definitiva, sistemas feudales de rentas que generan pueblos pobres y oprimidos.

4.- La Creación de un control militar en el corazón del territorio árabe, supervisado por las potencias europeas y EE.UU, que se materializa en la formación del estado de Israel. De esta forma, se garantiza y vigila la actuación de las dictaduras árabes. Pero no sólo esto, más allá de los recursos naturales, la estrategia se completa con el apoyo a Israel en su afán hegemónico, provocando y generando todas aquellas guerras artificiales que se consideren oportunas para el control de territorios y que conviertan a este nuevo estado en una potencia mundial.

5.- La aniquilación de cualquier intento del pueblo árabe por cambiar el orden impuesto y establecido. No hay más que comprobar la evolución de los hechos desde aquel fatídico acuerdo denominado Sykes-Picot (1916) o la conocida como Declaración Balfour (1917), donde Francia e Inglaterra se reparten la herencia del Imperio turco en el primero, o donde se establecen las bases del hogar nacional del pueblo judío en Palestina, en la segunda. Y pasados 100 años como se consolida el mismo apoyo a Israel, como arquitecto del territorio, para que la reciente Primavera árabe no suponga más que un cambio de caras a cambio del mantenimiento de las mismas políticas abrasivas y de destrucción. Y entre medias, un siglo de historia.

6.- El intento permanente de redibujar el mapa político de Oriente Medio, diseñado por Henry Kissinger (americano-israelí), en el que se pretende darle una nueva configuración al mundo árabe, duplicando el número de estados -hasta 48- y aún así, sin reconocer el estado Palestino.

7.- La campaña mediática de criminalización permanente del concepto de «Pueblo Árabe» como pilar unificador e identitario.

8.- El nacimiento del fenómeno terrorista en Oriente Medio, al que se define de inmediato primero como alqaeda y después como estado islámico y en el que la propaganda occidental apenas se hace eco de que sus primeros damnificados son árabes y musulmanes. Sólo el fenómeno terrorista se convierte en universal cuando estos depravados mentales atentan en territorio de occidente, nunca cuando las masacres se producen en capitales árabes.

Por norma, el análisis de los brutales atentados se reduce a la inmediatez de los hechos. De esta forma, nunca sabemos quien está detrás de estos terroristas, ni tampoco el vendedor occidental de las armas con las que se llevan a cabo, ni el origen de sus coches, zapatos e incluso su comida.

Estos asesinos sin cerebro, salen de los nidos de pobreza y miseria que padecen una de las infecciones más brutales que siempre ha sufrido la humanidad, la ignorancia pasiva, que sólo necesita de un agitador para propagarse y convertirse en ignorancia activa, que sin duda es la más peligrosa y destructiva: «ignorante no es el que no sabe, sino el que no quiere saber».

Pero también la ignorancia en Occidente, donde nos hemos formado con un modelo educativo que no aplica el método de análisis y contraste de la información. Que nos convierte en dogmáticos de la información que no procede de un buen conocimiento, aquel que nos permita preguntarnos si los pueblos árabes tienen derecho a la autodeterminación, si tienen derecho a administrar y disfrutar de sus recursos, si tienen derecho a una educación democrática y en paz, si sus muertos tienen nombre y apellidos como nosotros, si el sufrimiento de sus familias y amigos es comparable al nuestro, en definitiva si son igual que nosotros o es más fácil regocijarnos en su pañuelo y criticarles desde el desconocimiento y, siempre, sin mirarles a los ojos.

Cualquier tipo de violencia y mucho más la terrorista es absolutamente detestable e inadmisible, pero reconozcamos la necesidad de abrir nuestra mente para darle al pueblo árabe, a los musulmanes o a cualquiera de cultura diferente, la oportunidad de vivir en libertad y con plenos derechos en su territorio. La misma libertad que defendemos en occidente y que no estamos ayudando a que la disfruten otros, insisto, como nosotros.

Ghaleb Jaber Ibrahim

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